Más Allá
Abrir camino
Nada importante nació listo; alguien tuvo que abrir el primer camino. Las redes sociales muestran la cima, pero casi nunca muestran la montaña que fue necesario escalar. Quien nunca tuvo que abrir camino difícilmente aprenderá a enfrentarse a lo desconocido. La facilidad puede proporcionar comodidad, pero es el desafío el que produce crecimiento. No preguntes solamente cómo hacer más pequeño el obstáculo; pregúntate cómo hacerte más grande que él. Abrir camino es crecer hasta alcanzar el tamaño del desafío. Todo aquello que todavía no dominamos es un territorio que espera ser explorado. Preparar a un hijo para la vida no significa retirar todas las piedras de su camino, sino enseñarle a atravesarlas. Hay caminos que heredamos, caminos que encontramos y caminos que tendremos que construir nosotros mismos. Vivir no es encontrar un mundo preparado para nosotros; es prepararnos para enfrentar el mundo.
Abrir camino
Existe una palabra que necesita volver a formar parte de la educación de las nuevas generaciones: abrir camino. Abrir camino significa avanzar donde todavía no existe un camino. Es entrar en lo desconocido, enfrentar obstáculos, soportar incomodidades y continuar avanzando. Durante miles de años, la humanidad evolucionó de esa manera. Alguien tuvo que explorar territorios, ideas, profesiones, relaciones, conocimientos y sus propios límites. Nada importante nació listo. El problema es que estamos construyendo una generación expuesta diariamente a un mensaje completamente diferente. Las redes sociales muestran el resultado, pero esconden el recorrido. Muestran el éxito, pero no muestran las noches sin dormir. Muestran la conquista, pero esconden las derrotas. Muestran la cima de la montaña, pero casi nunca muestran la subida. Y, poco a poco, se instala una peligrosa ilusión: la de que vivir debería ser fácil.
Pero la vida nunca prometió facilidad. La vida exige abrir caminos. El niño necesita abrirse camino en la infancia. El adolescente necesita atravesar sus inseguridades. El estudiante necesita conquistar el conocimiento. El profesional necesita abrirse camino en su profesión. El emprendedor necesita explorar el mercado. La pareja necesita construir el camino de la convivencia. Los padres necesitan descubrir cómo criar a sus hijos. La persona mayor necesita enfrentarse a una nueva etapa de la existencia. Incluso dentro de nosotros existen territorios que todavía no conocemos. Hay miedos que necesitan ser atravesados. Límites que necesitan ser confrontados. Frustraciones que necesitan ser comprendidas. Todo aquello que todavía no dominamos representa un territorio por explorar. Y quizá sea precisamente ese proceso el que construye aquello que llamamos madurez.
Cuando enseñamos a alguien a huir de toda dificultad, no estamos facilitando su vida; estamos quitándole una de las principales herramientas para enfrentarla. Quien nunca tuvo que abrir camino no aprende a enfrentarse a lo desconocido. Si una generación crece creyendo que el sufrimiento siempre es un error, que la frustración debe ser eliminada inmediatamente, que cualquier incomodidad significa que algo está mal y que todo deseo debería producir una recompensa instantánea, creamos personas cada vez menos preparadas para una realidad que continuará imponiendo obstáculos. Es en este sentido que considero esta cultura de la facilidad una especie de asesinato de la evolución del espíritu humano. Porque quizá el espíritu no evolucione cuando recibe todo aquello que desea. Quizá evolucione precisamente cuando encuentra aquello que todavía no consigue superar y decide crecer hasta conseguirlo.
Por eso necesitamos devolver una pregunta a las nuevas generaciones. Ante una dificultad, en lugar de preguntar solamente “¿cómo hago para que esto sea más fácil?”, quizá deberíamos preguntar: “¿en quién necesito convertirme para ser capaz de atravesar esto?” Existe una diferencia gigantesca entre ambas preguntas. La primera intenta reducir el obstáculo. La segunda hace crecer al ser humano. Abrir camino es crecer hasta alcanzar el tamaño del desafío. Es caer y descubrir cómo levantarse. Es no saber y decidir aprender. Es sentir miedo y, aun así, continuar. Es encontrar un bosque cerrado frente a nosotros y comprender que quizá nadie venga a abrirnos el camino. Algunas carreteras de nuestra existencia ya estarán construidas. Otras tendrán apenas una dirección. Y algunas ni siquiera tendrán un sendero. En esas, tendremos que abrir nuestro propio camino. Porque vivir no significa encontrar un mundo completamente preparado para nosotros. Vivir también significa prepararnos para enfrentar el mundo.
Dr. Adriano Lia Mondelli