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No permitas que nadie se sienta cómodo causándote incomodidad
No permitas que nadie se sienta cómodo causándote incomodidad. No devuelvas la agresión; devuelve la responsabilidad. Lo que toleras repetidamente puede terminar siendo interpretado como un permiso. La educación no es una autorización para la falta de respeto. También enseñas a las personas cómo tratarte a través de los límites que estableces. No cargues con la incomodidad que pertenece a quien la provocó. La amabilidad sin límites puede confundirse con sumisión. No te hagas más pequeño para permitir que alguien se sienta más grande. Hay silencios que demuestran sabiduría y otros que simplemente autorizan la repetición. Respetar a los demás es una virtud; exigir respeto por ti es dignidad.
A medida que maduramos, aprendemos que la educación, el equilibrio y el respeto son fundamentales para cualquier convivencia; sin embargo, estas virtudes no pueden confundirse con la obligación de permanecer en silencio frente a quien nos incomoda, nos menosprecia o sobrepasa nuestros límites. Sin embargo, muchas personas pasan la vida creyendo que evitar cualquier conflicto es una demostración de madurez, cuando, en realidad, pueden estar simplemente asumiendo para sí mismas la incomodidad provocada por el comportamiento inadecuado de otra persona. Por lo tanto, existe una regla importante en las relaciones humanas: no permitas que nadie se sienta cómodo causándote incomodidad, porque quien nunca encuentra un límite puede comenzar a creer que tiene permiso para sobrepasarlo.
En primer lugar, es necesario comprender que devolver la incomodidad no significa responder con agresividad, humillar a quien nos humilló o transformar cada desacuerdo en una batalla, sino simplemente devolver la responsabilidad de la situación a quien la creó. Ante esto, cuando alguien hace un comentario inapropiado, intenta disminuir a otra persona o sobrepasa determinado límite y encuentra únicamente silencio, una sonrisa o sumisión, puede interpretar esa ausencia de reacción como un permiso para continuar, mientras quien sufrió la falta de respeto termina cargando solo con un peso que nunca debería haber sido suyo. Así, establecer un límite puede ser tan sencillo como preguntar “¿qué quisiste decir con eso?”, afirmar “no me siento cómodo con la manera en que me estás hablando” o simplemente demostrar, con serenidad y firmeza, que ser educado no significa estar disponible para ser irrespetado.
Además, existe un aprendizaje silencioso en todas las relaciones, porque, consciente o inconscientemente, mostramos a las personas cómo aceptamos ser tratados a través de aquello que permitimos, de aquello que interrumpimos y, principalmente, de aquello que toleramos repetidamente. En este sentido, quien vive intentando preservar la comodidad de todos puede terminar sacrificando continuamente la propia, convirtiéndose en el responsable de resolver ambientes, evitar conflictos y soportar situaciones desagradables únicamente para no incomodar a personas que, curiosamente, no demostraron la misma preocupación por no incomodarlo. En síntesis, madurez no significa aceptarlo todo, amabilidad no significa sumisión y paz no significa silencio permanente, porque existe una enorme diferencia entre elegir no entrar en una discusión y no ser capaz de defender el propio espacio.
Por lo tanto, aprender a establecer límites quizá sea una de las formas más importantes de autorrespeto, porque no necesitamos volvernos agresivos para ser fuertes, así como tampoco necesitamos levantar la voz para dejar absolutamente claro que determinados comportamientos no serán aceptados. En este contexto, devolver la incomodidad significa devolver la responsabilidad, permitiendo que quien creó una situación inapropiada perciba el peso de su propia actitud, mientras preservamos nuestra dignidad sin abandonar nuestra educación. En consecuencia, podemos continuar siendo amables, educados y defensores de la paz, pero jamás debemos hacernos más pequeños para que alguien pueda sentirse más grande, porque respetar a los demás es una virtud, pero exigir que los demás también nos respeten es dignidad.
Dr. Adriano Lia Mondelli