CAPÍTULO 20 — EJECUCIÓN CLÍNICA: TRANSFORMAR LA PLANIFICACIÓN EN RESULTADOS
# Resumen — Capítulo 20: Ejecución clínica: transformar la planificación en resultados El capítulo presenta la **Ejecución Clínica como el tercer nivel de la Pirámide del Tratamiento Odontológico Ideal (T.O.I.)**. Es la etapa en la cual el diagnóstico y la planificación se transforman en intervenciones concretas. Su éxito depende tanto de la competencia técnica como de la coherencia entre los procedimientos realizados y las Metas Terapéuticas establecidas. La filosofía del T.O.I. reafirma que **la excelencia técnica es indispensable, pero no suficiente por sí sola**. No basta realizar correctamente un procedimiento: es necesario que esté bien indicado, se ejecute en el momento adecuado y contribuya al proyecto terapéutico global. El Compromiso Secuencial exige, además, que cada intervención establezca condiciones favorables para las etapas siguientes. La ejecución debe respetar los límites biológicos, preservar las estructuras naturales siempre que sea clínicamente posible y evitar que la rutina sustituya el razonamiento individualizado. El **Período Ideal** orienta el momento de las intervenciones, mientras que las respuestas biológicas del paciente determinan la necesidad de acompañamiento y posibles ajustes. El capítulo también destaca la importancia de reconocer desviaciones, documentar los resultados y mantener una comunicación adecuada entre profesionales y pacientes. La experiencia clínica debe utilizarse para aprender de los resultados, y las innovaciones tecnológicas deben permanecer al servicio de decisiones científicamente fundamentadas. La evaluación de la ejecución no puede limitarse a comprobar que un procedimiento fue concluido. Es necesario verificar si contribuyó a los objetivos establecidos, considerando las condiciones funcionales, periodontales, estéticas y las necesidades futuras de mantenimiento. **La enseñanza central es que la verdadera excelencia clínica resulta de la combinación entre decisiones correctas, procedimientos bien ejecutados y evaluación continua de sus resultados.** **La excelencia técnica alcanza su mayor valor cuando está al servicio de una planificación excelente.** Dr. Adriano Lia Mondelli

PARTE III — FUNDAMENTOS Y PRINCIPIOS DEL T.O.I.
B — LA ORGANIZACIÓN DEL TRATAMIENTO
CAPÍTULO 20 — EJECUCIÓN CLÍNICA: TRANSFORMAR LA PLANIFICACIÓN EN RESULTADOS
El tercer nivel de la Pirámide del Tratamiento Odontológico Ideal
20.1 — Cuando la planificación se encuentra con la realidad clínica
Después de comprender la condición odontológica del paciente y establecer un Plan de Tratamiento coherente, llega el momento de transformar las decisiones en realidad clínica. El diagnóstico proporcionó la información necesaria para reconocer las condiciones existentes, mientras que la planificación definió las Metas Terapéuticas y organizó las intervenciones. La Ejecución Clínica representa el tercer nivel de la Pirámide del T.O.I., en el cual los conocimientos, las técnicas y las habilidades profesionales comienzan a producir modificaciones concretas.
Esta etapa posee una responsabilidad que no puede ser sustituida por las anteriores. Un diagnóstico integral y una planificación correctamente estructurada no consiguen, por sí solos, realizar los procedimientos necesarios. La recuperación de estructuras comprometidas, la corrección de alteraciones y la rehabilitación de condiciones funcionales dependen de la aplicación adecuada de los conocimientos científicos y de los recursos disponibles. Es en este momento cuando el razonamiento clínico necesita encontrar correspondencia en la habilidad profesional.
La posición de la Ejecución Clínica en la pirámide no disminuye su importancia. Por el contrario, demuestra que la calidad técnica adquiere mayor significado cuando está vinculada a objetivos previamente establecidos. Una intervención puede realizarse con precisión y, aun así, presentar limitaciones cuando su indicación o su relación con otras etapas no se consideró adecuadamente. Del mismo modo, una decisión correcta puede producir resultados insatisfactorios cuando su ejecución presenta deficiencias.
Por lo tanto, el Tratamiento Odontológico Ideal exige competencia tanto para decidir como para realizar. El diagnóstico permite comprender, la planificación establece el camino y la ejecución transforma las decisiones en resultados clínicos.
20.2 — La excelencia técnica sigue siendo indispensable
La evolución de la Odontología está profundamente relacionada con el perfeccionamiento de las técnicas, los materiales y los conocimientos específicos de cada especialidad. Los procedimientos restauradores, periodontales, endodónticos, ortodóncicos, quirúrgicos y rehabilitadores exigen dominio científico y habilidad profesional. La filosofía del T.O.I. no procura sustituir esta competencia por principios conceptuales, sino establecer una organización en la cual la excelencia técnica pueda contribuir de manera más adecuada al tratamiento global.
La calidad de una restauración depende de criterios propios de indicación, preparación, adaptación y acabado. Un movimiento ortodóncico exige comprensión biomecánica y control de los efectos producidos. Las intervenciones periodontales, endodónticas y quirúrgicas también presentan exigencias específicas que necesitan respetarse. Cada especialidad posee responsabilidades técnicas que no desaparecen cuando pasa a integrar un proyecto terapéutico integral.
Sin embargo, la ejecución de un procedimiento no debe confundirse con la realización integral del tratamiento. El resultado técnico necesita evaluarse también en relación con la finalidad que motivó su indicación. Una intervención correctamente realizada debe contribuir a las condiciones establecidas en la planificación, sin producir limitaciones injustificadas para otras necesidades del paciente.
De esta manera, el T.O.I. preserva el valor de la excelencia técnica y amplía su responsabilidad. No basta ejecutar correctamente un procedimiento; es necesario que el procedimiento correcto se ejecute con calidad.
20.3 — La ejecución comienza con la comprensión de su finalidad
Antes de iniciar determinada intervención, el profesional necesita comprender su función dentro del Plan de Tratamiento. Conocer la técnica que será utilizada es indispensable, pero también es necesario reconocer el resultado que esa etapa deberá producir y las condiciones que necesitará establecer para los procedimientos siguientes. Esta comprensión evita que la ejecución se transforme en una actividad aislada del proyecto terapéutico.
Un movimiento ortodóncico, por ejemplo, puede poseer objetivos relacionados con la organización de los espacios, las posiciones dentarias o las condiciones necesarias para una rehabilitación posterior. Su ejecución necesita considerar estos objetivos, pues un resultado satisfactorio según criterios exclusivamente ortodóncicos puede no atender íntegramente las necesidades establecidas por la planificación integrada. El mismo principio se aplica a las intervenciones restauradoras, periodontales y protésicas.
Esta responsabilidad exige que los profesionales involucrados conozcan la información relevante del caso y comprendan los límites de su participación. La ejecución no debe depender solamente de una solicitud genérica de procedimiento, sino de objetivos clínicos suficientemente definidos. Cuando sea necesario, las dudas sobre la indicación o sobre las condiciones pretendidas necesitan aclararse antes de la intervención.
Por lo tanto, la ejecución comienza conceptualmente antes del primer procedimiento. El profesional necesita comprender no solamente aquello que realizará, sino también la finalidad de aquello que realizará.
20.4 — La responsabilidad de preparar la etapa siguiente
El Compromiso Secuencial, presentado en el capítulo dedicado a la Pirámide del T.O.I., también se manifiesta durante la Ejecución Clínica. Cada intervención puede modificar las condiciones que se encontrarán en las etapas posteriores, por lo que resulta necesario evaluar sus resultados no solamente de manera aislada, sino también en relación con la continuidad del tratamiento.
En una planificación interdisciplinaria, determinadas intervenciones poseen la función de preparar estructuras y establecer condiciones para otras especialidades. El tratamiento periodontal puede contribuir a la estabilidad de los tejidos antes de procedimientos posteriores. La Ortodoncia puede organizar posiciones dentarias necesarias para la rehabilitación, mientras que los procedimientos restauradores provisionales pueden preservar estructuras durante las fases intermedias. Estas relaciones dependen de las necesidades identificadas en cada caso.
La conclusión técnica de una etapa no significa necesariamente que haya cumplido su finalidad dentro del proyecto. Es necesario verificar si las condiciones establecidas corresponden a las previstas y si permiten la continuidad adecuada del tratamiento. Cuando existen diferencias relevantes, los profesionales necesitan discutir las posibilidades de corrección o adaptación antes de continuar.
Esta perspectiva modifica la comprensión del resultado de cada especialidad. Una etapa bien ejecutada no es solamente aquella que termina adecuadamente, sino también aquella que proporciona condiciones favorables para lo que viene después.
20.5 — La rutina clínica no puede sustituir el razonamiento
La experiencia profesional permite desarrollar habilidades, aumentar la precisión y ejecutar procedimientos con mayor eficiencia. La repetición de técnicas contribuye al dominio de protocolos y al reconocimiento de situaciones clínicas semejantes. Sin embargo, la familiaridad con determinado procedimiento no debe reducir la atención a las características individuales del paciente.
Los protocolos clínicos representan instrumentos importantes de estandarización y seguridad, pero su aplicación depende de indicaciones adecuadas. Dos pacientes que presentan alteraciones aparentemente semejantes pueden poseer condiciones biológicas, restauradoras o funcionales diferentes. La ejecución necesita respetar estas particularidades, evitando que la elección de la técnica esté determinada exclusivamente por el hábito profesional.
El riesgo de una rutina excesivamente automática está en transformar procedimientos conocidos en respuestas casi inmediatas ante determinados hallazgos. En esta situación, el profesional puede dejar de considerar alternativas o características que modificarían la conducta. La experiencia debe ampliar la capacidad de juicio, y no sustituir la necesidad de evaluar cada caso.
Así, la estandarización técnica y la individualización clínica necesitan actuar de manera complementaria. Dominar una técnica significa saber utilizarla correctamente, incluso reconociendo cuándo no representa la mejor alternativa.
20.6 — El respeto a los límites biológicos
La Ejecución Clínica ocurre en organismos vivos, cuyas respuestas presentan variabilidad y limitaciones propias. Los tejidos dentarios, periodontales y óseos poseen características que influyen en la realización de los procedimientos, la cicatrización y los resultados alcanzados. Por eso, la capacidad técnica de ejecutar determinada intervención no constituye, por sí sola, una justificación para realizarla.
En Ortodoncia, por ejemplo, los movimientos dentarios necesitan respetar las condiciones periodontales y las respuestas biológicas individuales. En los procedimientos restauradores y rehabilitadores, la preservación de las estructuras existentes y la compatibilidad con los tejidos también representan responsabilidades fundamentales. Cada especialidad necesita considerar los riesgos asociados con las intervenciones y reconocer situaciones que exigen adaptaciones.
Los avances tecnológicos han ampliado considerablemente las posibilidades clínicas, pero no han eliminado los límites biológicos. Los equipos, materiales y técnicas pueden mejorar la precisión y la previsibilidad de determinados procedimientos, pero sus beneficios dependen de la indicación correcta y de la utilización adecuada. Los recursos más sofisticados no autorizan intervenciones que desconsideren las condiciones individuales.
El respeto a la biología representa, por lo tanto, uno de los criterios esenciales de la excelencia técnica. La posibilidad de realizar un procedimiento no significa, necesariamente, que su realización sea adecuada.
20.7 — Preservar estructuras durante la ejecución
La prevención no participa solamente del diagnóstico y de la planificación. Sus principios necesitan permanecer presentes durante la Ejecución Clínica, orientando la elección y la realización de las intervenciones. Siempre que existan alternativas clínicamente adecuadas, la preservación de las estructuras naturales y la reducción de daños innecesarios deben participar en las decisiones.
Esta responsabilidad es particularmente importante ante procedimientos irreversibles. La eliminación de tejido dentario, la extracción de dientes y otras intervenciones que modifican permanentemente determinadas condiciones necesitan poseer justificaciones clínicas proporcionales a los beneficios esperados. Sin embargo, preservar no significa evitar cualquier intervención, pues existen situaciones en las cuales realizar el procedimiento es necesario para controlar enfermedades o recuperar condiciones comprometidas.
La ejecución conservadora también involucra la utilización cuidadosa de materiales, técnicas y recursos. Una intervención debe procurar alcanzar su finalidad sin producir consecuencias evitables sobre estructuras saludables. Esta postura exige dominio técnico, porque la preservación depende frecuentemente de la precisión y de la capacidad de reconocer los límites del procedimiento.
De esta manera, el principio preventivo acompaña la ejecución sin impedir la realización de los tratamientos indicados. Ser conservador no significa hacer menos a cualquier costo, sino preservar todo aquello que puede preservarse sin comprometer la finalidad terapéutica.
20.8 — El momento adecuado también influye en la ejecución
La calidad de una intervención depende no solamente de la técnica utilizada, sino también de las condiciones existentes en el momento de su realización. Determinados procedimientos exigen preparación previa de los tejidos, control de enfermedades o etapas específicas de desarrollo. Ejecutar una técnica correcta en condiciones inadecuadas puede reducir su previsibilidad o producir dificultades que podrían haberse evitado.
El concepto de Período Ideal contribuye a comprender esta relación. En algunas situaciones, la intervención necesita realizarse oportunamente; en otras, el mejor resultado puede depender de una etapa preparatoria o de un período de seguimiento. En Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial, el desarrollo individual puede influir en determinadas posibilidades terapéuticas. En otras áreas, la estabilidad periodontal o la recuperación de los tejidos puede orientar el momento de ejecución.
Sin embargo, el Período Ideal no representa una regla cronológica universal. Su aplicación exige considerar la condición clínica, los beneficios esperados y los riesgos asociados con la anticipación o el aplazamiento del procedimiento. La planificación establece inicialmente estas referencias, mientras que la ejecución necesita verificar si las condiciones previstas están efectivamente presentes.
Así, la responsabilidad técnica incluye reconocer cuándo una intervención puede realizarse en circunstancias favorables. Una técnica adecuada necesita ejecutarse no solamente correctamente, sino también en el momento clínicamente apropiado.
20.9 — La respuesta del paciente orienta la continuidad
La Ejecución Clínica no consiste en la aplicación mecánica de un plan previamente establecido. Durante el tratamiento, los tejidos responden a las intervenciones y pueden presentar comportamientos diferentes de los inicialmente previstos. Estas respuestas proporcionan información relevante para evaluar la evolución y determinar la necesidad de ajustes.
En los tratamientos ortodóncicos, por ejemplo, el movimiento dentario puede ocurrir a ritmos distintos, exigiendo seguimiento y modificaciones biomecánicas. Los procedimientos periodontales y rehabilitadores también pueden presentar respuestas individuales que influyen en las etapas siguientes. Estas diferencias no representan obligatoriamente fallas, pero necesitan reconocerse e interpretarse según criterios clínicos.
La continuidad de la ejecución debe depender de la evaluación de los resultados observados. Cuando una etapa no produce las condiciones esperadas, resulta necesario investigar sus posibles causas antes de simplemente continuar. En determinadas situaciones, será suficiente modificar una técnica; en otras, podrá ser necesario revisar la planificación o ampliar la investigación diagnóstica.
Por lo tanto, la ejecución mantiene una relación permanente con los niveles anteriores de la pirámide. El plan orienta la intervención, pero la respuesta clínica necesita continuar orientando las decisiones.
20.10 — Reconocer desviaciones y corregir el recorrido
Durante la Ejecución Clínica, pueden surgir dificultades técnicas, respuestas inesperadas o resultados diferentes de los previstos. La calidad profesional no depende de la ausencia absoluta de estas situaciones, sino de la capacidad de reconocerlas, evaluar sus causas y establecer conductas adecuadas. Continuar automáticamente ante una desviación relevante puede ampliar sus consecuencias.
El reconocimiento de una dificultad exige distinguir problemas relacionados con la ejecución de aquellos derivados de limitaciones diagnósticas, decisiones de planificación o variabilidad biológica. Esta diferenciación permite comprender por qué determinada etapa no produjo el resultado esperado y qué medidas podrán ser necesarias. No toda dificultad exige modificar el proyecto global, pero algunas pueden justificar su revisión.
La corrección necesita estar fundamentada y comunicarse a los profesionales involucrados y al paciente cuando existan repercusiones relevantes sobre el tratamiento. Las modificaciones de objetivos, procedimientos o etapas deben registrarse, permitiendo comprender la evolución de las decisiones. Esta transparencia contribuye a la continuidad de la atención y a la seguridad clínica.
Así, la capacidad de detenerse, reevaluar y corregir representa parte de la excelencia técnica. Reconocer una desviación durante la ejecución no significa abandonar la planificación, sino proteger sus objetivos ante nueva información.
20.11 — La documentación como instrumento de evaluación
Los registros clínicos realizados durante la ejecución permiten acompañar la evolución del tratamiento y comparar los resultados obtenidos con aquellos establecidos en la planificación. Las fotografías, los exámenes, los modelos, los escaneos y las anotaciones pueden contribuir a esta evaluación, según las necesidades de cada caso. Su finalidad no es solamente demostrar los procedimientos realizados, sino conservar información relevante para las decisiones siguientes.
La comparación entre diferentes momentos permite identificar modificaciones, reconocer condiciones que permanecen estables y evaluar si determinada intervención está cumpliendo su función. Sin embargo, los registros necesitan interpretarse dentro del contexto clínico. Una imagen aislada puede mostrar una alteración, pero no necesariamente explicar su origen o establecer su importancia terapéutica.
La documentación también favorece la comunicación entre especialistas y la continuidad de la atención. Cuando diferentes profesionales participan en el mismo tratamiento, los registros adecuados permiten comprender aquello que se realizó, qué resultados se alcanzaron y qué condiciones necesitan considerarse posteriormente.
Por lo tanto, documentar la ejecución representa una forma de evaluar la correspondencia entre aquello que se planificó y aquello que se está produciendo. El registro clínico transforma la evolución del tratamiento en información que puede analizarse, compartirse y utilizarse para orientar nuevas decisiones.
20.12 — La experiencia clínica como fuente de perfeccionamiento
La experiencia profesional constituye un recurso importante para el perfeccionamiento de la Ejecución Clínica. Sin embargo, repetir procedimientos durante muchos años no garantiza, por sí solo, una evolución técnica o científica. El aprendizaje depende de la capacidad de analizar resultados, reconocer limitaciones y utilizar la información obtenida para mejorar decisiones futuras.
Los casos con resultados satisfactorios permiten comprender qué estrategias funcionaron adecuadamente en determinadas condiciones. Del mismo modo, los tratamientos que presentaron dificultades o respuestas inesperadas ofrecen oportunidades de investigación. El análisis crítico necesita considerar tanto los aciertos como las limitaciones, evitando conclusiones fundamentadas solamente en resultados favorables.
Esta postura exige actualización científica y disposición para revisar conductas. Las técnicas, los materiales y los conocimientos pueden evolucionar, haciendo necesario evaluar periódicamente la adecuación de los procedimientos utilizados. Sin embargo, la adopción de novedades necesita estar fundamentada en evidencias e indicaciones clínicas, sin confundir innovación con superioridad automática.
La experiencia adquiere mayor valor cuando está asociada con la reflexión y el perfeccionamiento continuo. No es solamente la cantidad de procedimientos realizados lo que desarrolla la competencia profesional, sino la capacidad de aprender de los resultados de cada intervención.
20.13 — La tecnología debe estar al servicio de la decisión clínica
El desarrollo tecnológico ha ampliado significativamente las posibilidades de la Ejecución Clínica. Los recursos digitales, los equipos de precisión, los nuevos materiales y los sistemas de planificación y fabricación pueden contribuir a diferentes especialidades. Estos avances representan oportunidades importantes para mejorar procedimientos, reducir determinadas limitaciones y ampliar la previsibilidad en situaciones específicas.
Sin embargo, la tecnología no modifica la responsabilidad fundamental del profesional. Un equipo sofisticado puede facilitar la realización de una intervención, pero no determina automáticamente su indicación. Del mismo modo, un procedimiento ejecutado con elevada precisión tecnológica puede presentar limitaciones cuando el objetivo establecido no corresponde a las necesidades clínicas del paciente.
La incorporación de recursos debe considerar su utilidad, seguridad, las evidencias disponibles y su contribución al resultado pretendido. La tecnología necesita ampliar la capacidad de realizar procedimientos adecuados, sin transformar la disponibilidad de determinada herramienta en una justificación para utilizarla indiscriminadamente.
De esta manera, el T.O.I. valora la innovación sin atribuirle una función que pertenece al razonamiento clínico. La tecnología amplía la capacidad de ejecución, pero la calidad de la decisión continúa determinando la finalidad de su uso.
20.14 — La dimensión humana de la ejecución
La Ejecución Clínica involucra conocimientos y habilidades técnicas, pero ocurre en una relación entre profesionales y pacientes. Cada intervención puede producir expectativas, temores, molestias y necesidades de aclaración. Por eso, la calidad de la atención no debe evaluarse exclusivamente por el resultado técnico, sino también por el respeto a la persona que recibe el tratamiento.
La comunicación durante la ejecución permite explicar procedimientos, orientar cuidados y aclarar modificaciones necesarias. El paciente necesita comprender las etapas relevantes y conocer su participación en la evolución clínica. En determinados tratamientos, los hábitos, la higiene, la asistencia a las consultas y la utilización adecuada de dispositivos pueden influir directamente en los resultados.
Esta participación no transfiere al paciente la responsabilidad técnica que pertenece al profesional. Significa reconocer que determinados objetivos dependen de la colaboración y de condiciones que van más allá del entorno clínico. Corresponde al equipo ofrecer orientaciones comprensibles, acompañar las dificultades y establecer estrategias compatibles con las necesidades individuales.
Así, la excelencia de la ejecución necesita integrar competencia técnica, comunicación y respeto. Tratar adecuadamente una condición odontológica exige considerar también a la persona a la que pertenece esa condición.
20.15 — La calidad de la ejecución debe evaluarse por el resultado
La conclusión de un procedimiento no significa, necesariamente, que se haya alcanzado su finalidad terapéutica. Una intervención puede presentar características técnicas satisfactorias y, aun así, no producir íntegramente las condiciones previstas en la planificación. Por eso, la evaluación de la Ejecución Clínica necesita considerar la correspondencia entre los objetivos establecidos y los resultados efectivamente obtenidos.
Esta evaluación involucra diferentes dimensiones, según la naturaleza del procedimiento. La integridad de las estructuras, las condiciones periodontales, las relaciones funcionales, las características estéticas y la satisfacción informada del paciente pueden participar en el análisis. Sin embargo, ningún indicador aislado debe sustituir la interpretación clínica del conjunto.
También es necesario reconocer que determinados resultados no pueden evaluarse completamente en el momento inmediato a la conclusión. La respuesta biológica, la estabilidad y el comportamiento de los materiales y las estructuras pueden exigir seguimiento posterior. Un resultado satisfactorio al término de una etapa representa un logro importante, pero no permite garantizar su permanencia indefinida.
Por lo tanto, la excelencia técnica necesita comprenderse como una condición necesaria para alcanzar los objetivos, y no como una garantía absoluta de resultado. La ejecución debe evaluarse no solamente por la calidad del procedimiento realizado, sino también por su contribución a la condición terapéutica pretendida.
20.16 — Transformar la planificación en resultados
La Ejecución Clínica representa el tercer nivel de la Pirámide del T.O.I. porque transforma el conocimiento diagnóstico y las decisiones de planificación en intervenciones concretas. Su calidad depende del dominio técnico, del respeto a los principios biológicos y de la comprensión de la finalidad de cada procedimiento. La competencia profesional sigue siendo indispensable, pero necesita actuar dentro de una organización terapéutica coherente.
El Compromiso Secuencial se manifiesta en esta etapa mediante la responsabilidad de ejecutar correctamente aquello que se planificó y establecer condiciones favorables para las etapas siguientes. La calidad de una intervención no debe considerarse solamente de manera aislada, pues sus resultados pueden influir en otras especialidades y en el mantenimiento futuro. Esta relación exige comunicación, documentación y evaluación continua.
La ejecución también necesita conservar capacidad de adaptación. Las respuestas biológicas, las dificultades técnicas y la nueva información pueden justificar ajustes, siempre que estén fundamentados y se comuniquen adecuadamente. El profesional debe reconocer que seguir un plan no significa ejecutarlo mecánicamente, sino utilizar sus objetivos como referencia para decisiones responsables.
Así, el T.O.I. no establece una oposición entre razonamiento y habilidad. El diagnóstico y la planificación necesitan encontrar correspondencia en procedimientos realizados con calidad, mientras que la ejecución debe permanecer orientada por los objetivos establecidos.
La excelencia técnica alcanza su mayor valor cuando está al servicio de una planificación excelente.
Sin embargo, alcanzar determinada condición clínica no significa garantizar su permanencia. Después de que concluyen las intervenciones, los tejidos continúan sujetos a alteraciones biológicas, los materiales presentan limitaciones y el paciente permanece expuesto a factores que pueden modificar los resultados.
La responsabilidad terapéutica, por lo tanto, no termina con la última intervención. Es necesario acompañar la condición alcanzada, reconocer cambios y establecer medidas destinadas a su preservación.
Es en este momento cuando comienza el cuarto nivel de la Pirámide del T.O.I.: el Control Ideal.
Dr. Adriano Lia Mondelli
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