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CAPÍTULO 11 — EL SISTEMA PUEDE INCENTIVAR

# Resumen — Capítulo 11: El sistema puede incentivar El capítulo analiza cómo la organización educativa, tecnológica y económica de la Odontología puede influir en las decisiones clínicas y favorecer, en determinadas circunstancias, una atención excesivamente orientada hacia la realización de procedimientos. Esta influencia constituye la tercera dimensión de los problemas identificados por el T.O.I., junto con los procesos biológicos y las decisiones terapéuticas inadecuadas. El autor examina el papel de la **industria protésica**, que desarrolla recursos indispensables para reconstruir estructuras perdidas, pero cuya actividad económica está vinculada a la demanda de tratamientos restauradores y rehabilitadores. También analiza el riesgo de que la disponibilidad de tecnologías, como los escáneres, la tomografía y el flujo digital, influya en las indicaciones clínicas, cuando debería ocurrir lo contrario: la necesidad del paciente debe determinar qué tecnología utilizar. En el ámbito educativo, el capítulo explica que las universidades dividen el conocimiento en disciplinas para facilitar la enseñanza, mientras que los profesionales deben integrarlo para tratar al paciente. La especialización profundiza competencias, pero no debe limitar el diagnóstico a los problemas de una sola área. Asimismo, la necesidad de entrenamiento clínico de los alumnos nunca debe justificar procedimientos sin indicación adecuada. El texto también aborda los modelos empresariales orientados por la productividad y la frontera ética entre la necesidad clínica y el interés financiero. La sostenibilidad económica es legítima, pero no debe determinar las indicaciones terapéuticas. Frente a estas influencias, el T.O.I. destaca la importancia de la autonomía, la conciencia profesional y la integración entre especialidades, utilizando la experiencia del Instituto Mondelli como ejemplo de una búsqueda de organización clínica alrededor de objetivos comunes. Finalmente, el capítulo establece una jerarquía fundamental: **el conocimiento sirve al diagnóstico, la especialidad a la planificación, la tecnología al tratamiento y la gestión a la sostenibilidad de la atención. Todo ello debe servir al paciente.** **La enseñanza central es que el verdadero progreso de la Odontología no debe medirse únicamente por su capacidad de reconstruir estructuras perdidas, sino también por su capacidad de prevenir pérdidas, integrar conocimientos y mantener las necesidades del paciente por encima de los intereses del sistema.** **La Biología puede degradar. La Odontología puede desorganizar. El sistema puede incentivar.** Dr. Adriano Lia Mondelli

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CAPÍTULO 11 — EL SISTEMA PUEDE INCENTIVAR

PARTE II — LAS FUERZAS QUE ACTÚAN CONTRA EL T.O.I.

CAPÍTULO 11 — EL SISTEMA PUEDE INCENTIVAR

Cuando la organización de la Odontología influye en las decisiones clínicas

11.1 — La tercera dimensión del problema

En los capítulos anteriores se examinaron dos dimensiones capaces de comprometer la condición odontológica a lo largo de la vida. La primera demostró cómo los procesos biológicos, patológicos y del desarrollo pueden producir alteraciones en los dientes, los tejidos periodontales y las relaciones oclusales. La segunda reveló que las decisiones odontológicas inadecuadas también pueden añadir limitaciones a la condición existente, incluso cuando determinados procedimientos se ejecutan con calidad técnica. Sin embargo, existe una tercera dimensión que influye en la trayectoria de los pacientes y que no depende exclusivamente de los procesos biológicos o de las decisiones individuales de los profesionales.

Esta dimensión está relacionada con la manera en que la Odontología se organiza para producir conocimientos, formar profesionales, desarrollar tecnologías, ofrecer tratamientos y remunerar sus servicios. Alrededor de la atención odontológica existe una estructura educativa, científica, tecnológica y económica que influye en la disponibilidad de recursos, las oportunidades de formación y las condiciones en las cuales se toman las decisiones clínicas. Aunque esta organización es indispensable para el funcionamiento de la profesión, sus diferentes componentes poseen objetivos que no siempre coinciden íntegramente con las necesidades de cada paciente.

Las universidades necesitan formar profesionales, las especialidades deben profundizar conocimientos, las industrias desarrollan y comercializan tecnologías, y las clínicas necesitan sostenibilidad económica. Todas estas actividades poseen funciones legítimas. Sin embargo, cuando determinados modelos de organización, divulgación o remuneración comienzan a favorecer la realización de procedimientos independientemente de su necesidad clínica, puede surgir una diferencia entre aquello que el sistema incentiva y aquello que el diagnóstico recomienda.

Es en este contexto donde se establece la tercera afirmación de esta parte del libro: el sistema puede incentivar. Esto no significa que exista una intención colectiva de producir enfermedades o tratamientos innecesarios, sino que determinados incentivos pueden favorecer conductas fragmentadas o excesivamente orientadas hacia la intervención. Comprender este fenómeno exige examinar cómo los intereses y las estructuras que sustentan la Odontología pueden influir en la manera de diagnosticar, planificar y tratar.

11.2 — La industria protésica y la economía de la reconstrucción

La expresión industria protésica, utilizada en el contexto del T.O.I., representa un amplio conjunto de actividades relacionadas con la reconstrucción y la sustitución de estructuras odontológicas comprometidas. No se refiere exclusivamente a los laboratorios de prótesis, sino a un ecosistema que involucra fabricantes de implantes, componentes protésicos, materiales restauradores, cerámicas, resinas, equipos, sistemas digitales, programas informáticos y diferentes tecnologías destinadas a la rehabilitación oral.

El desarrollo de este sector transformó profundamente las posibilidades terapéuticas. La Implantología, los materiales restauradores contemporáneos y los recursos digitales permiten realizar reconstrucciones complejas, recuperar funciones y proporcionar resultados estéticos que habrían sido mucho más limitados en otras épocas. Estas conquistas representan avances importantes para la Odontología y continúan siendo indispensables para los pacientes que presentan pérdidas estructurales o necesitan rehabilitación.

Sin embargo, existe una característica económica que merece atención. Cuanto mayor es la complejidad de determinadas pérdidas odontológicas, mayor puede ser la necesidad de procedimientos, materiales, equipos y trabajo especializado para realizar su reconstrucción. En consecuencia, las condiciones clínicas más complejas frecuentemente movilizan cadenas económicas más extensas. Esto significa que parte de la actividad de este sector depende de la existencia de necesidades restauradoras y rehabilitadoras, independientemente de sus diferentes orígenes.

Esta relación no permite concluir que los fabricantes o profesionales deseen el deterioro de la salud bucal. Sin embargo, evidencia una diferencia importante entre el valor biológico de evitar una pérdida y el valor económico de las intervenciones necesarias para reconstruirla. Aquello que representa el mejor resultado para la salud del paciente no siempre corresponde a la actividad comercialmente más significativa para el mercado odontológico. Reconocer esta diferencia es fundamental para comprender cómo los intereses económicos pueden influir en la valoración de determinados procedimientos.

11.3 — Cuando la tecnología comienza a orientar la indicación

La evolución tecnológica ha ampliado significativamente la capacidad diagnóstica y terapéutica de la Odontología. Los escáneres intraorales, la tomografía computarizada de haz cónico, los programas de planificación, las fresadoras, las impresoras tridimensionales y los sistemas de producción digital permiten realizar procedimientos con mayor precisión, mejorar la comunicación entre profesionales y ampliar las posibilidades de tratamiento. Cuando están adecuadamente indicados, estos recursos representan instrumentos importantes para la calidad asistencial.

Sin embargo, la disponibilidad de una tecnología no constituye, por sí sola, una indicación clínica. Un equipo puede ofrecer posibilidades extraordinarias, pero su utilización debe estar subordinada a las necesidades identificadas en el diagnóstico. Cuando el profesional organiza sus decisiones principalmente en función de los recursos que posee, existe el riesgo de buscar situaciones en las cuales pueda utilizarlos, en lugar de seleccionar los recursos más apropiados para la condición presentada por el paciente.

Esta inversión puede ocurrir de manera sutil. La inversión en determinado equipo crea expectativas de utilización y retorno financiero. El desarrollo de una nueva técnica despierta interés profesional y estimula su aplicación. La divulgación de resultados impresionantes aumenta la demanda de determinados procedimientos. Ninguno de estos factores representa necesariamente una conducta inadecuada, pero todos deben reconocerse para que no sustituyan la evaluación clínica independiente.

El flujo digital ejemplifica esta relación. Su aplicación puede abarcar documentación, diagnóstico, planificación, comunicación interdisciplinaria y ejecución de tratamientos restauradores o rehabilitadores. Sin embargo, su valor no debe medirse exclusivamente por la modernidad de los equipos o por la cantidad de procedimientos realizados. La tecnología debe ampliar la capacidad de diagnosticar y tratar correctamente, y no determinar aquello que necesita ser tratado.

11.4 — La universidad segmenta para enseñar

La influencia del sistema sobre la práctica odontológica comienza durante la formación profesional. En los estudios de grado, el conocimiento se organiza en disciplinas, áreas y departamentos, permitiendo que diferentes contenidos se estudien en profundidad. Odontología Restauradora, Endodoncia, Periodoncia, Ortodoncia, Prótesis, Cirugía y otras especialidades presentan fundamentos científicos, técnicas y exigencias propias que justifican esta organización académica.

Esta división posee importancia educativa, pero también presenta un desafío. El paciente no posee estructuras independientes para cada disciplina. Los dientes, los tejidos periodontales, las relaciones oclusales y los demás componentes del sistema estomatognático presentan relaciones biológicas y funcionales que deben considerarse conjuntamente. Aquello que se estudia por separado durante la formación debe integrarse en el momento del diagnóstico y de la planificación terapéutica.

Cuando la enseñanza clínica permanece excesivamente organizada alrededor de las necesidades de cada disciplina, existe el riesgo de que el estudiante desarrolle mayor familiaridad con la ejecución de procedimientos específicos que con la elaboración de un proyecto terapéutico integral. Aprende a restaurar dientes, tratar conductos radiculares, realizar cirugías, mover dientes y confeccionar prótesis, pero también necesita comprender cómo se relacionan estas intervenciones, cuáles son sus prioridades y en qué circunstancias deben realizarse.

El problema, por lo tanto, no está en la existencia de los departamentos, sino en la posibilidad de que la división académica del conocimiento se transforme en fragmentación de la atención. La formación integrada debe ofrecer oportunidades para que el estudiante comprenda al paciente como un conjunto y establezca objetivos compartidos entre las especialidades. La universidad segmenta el conocimiento para enseñar; el profesional necesita integrarlo para tratar.

11.5 — La especialización y la profundización de la perspectiva clínica

Después de la graduación, muchos profesionales buscan especializarse para profundizar sus conocimientos y desarrollar habilidades en determinada área. Este proceso representa una conquista importante para la Odontología, pues permite realizar tratamientos que exigen competencias específicas. Sin embargo, cuanto mayor es la concentración del profesional en determinado segmento, mayor es la importancia de mantener su actuación conectada con las demás necesidades del paciente.

El especialista desarrolla la capacidad de reconocer alteraciones pertenecientes a su área y utilizar recursos específicos para solucionarlas. Esta competencia es indispensable, pero no significa que todos los problemas identificados deban tratarse de manera aislada. Un movimiento ortodóncico puede depender de las condiciones periodontales y de la planificación restauradora. Una rehabilitación protésica puede exigir modificaciones previas de las posiciones dentarias. Una intervención quirúrgica puede presentar consecuencias para otras etapas del tratamiento.

En los estudios de posgrado existe, además, una particularidad relacionada con la enseñanza clínica. Para desarrollar competencias, los alumnos necesitan acompañar y tratar a pacientes que presenten condiciones compatibles con los procedimientos enseñados. Un curso de Implantología necesita experiencia clínica en implantes; un curso de Endodoncia debe ofrecer tratamientos endodónticos; y un curso de Ortodoncia debe proporcionar seguimiento de pacientes ortodóncicos. Esta necesidad educativa es legítima, siempre que la indicación de las intervenciones permanezca fundamentada en el diagnóstico.

El riesgo surge cuando la necesidad de entrenamiento comienza a influir en aquello que se ofrecerá al paciente. Existe una diferencia fundamental entre seleccionar pacientes que realmente necesitan determinado procedimiento e indicar procedimientos para atender las exigencias de formación del alumno. La actividad educativa debe organizarse alrededor de indicaciones clínicas justificadas, con supervisión adecuada y respeto por las condiciones individuales. La especialización debe profundizar la competencia técnica sin transformar los límites de la especialidad en los límites del diagnóstico.

11.6 — Cuando la clínica comienza a orientarse por la producción

La clínica odontológica también forma parte de una estructura económica. Para funcionar adecuadamente, necesita mantener instalaciones, equipos, profesionales, empleados, materiales y servicios administrativos. Necesita organización financiera, inversiones e ingresos suficientes para garantizar la continuidad de la atención. Por lo tanto, no existe una incompatibilidad necesaria entre una gestión empresarial eficiente y una atención odontológica de excelencia.

El problema surge cuando determinados indicadores económicos comienzan a influir directamente en las indicaciones terapéuticas. En algunos modelos de atención, la productividad puede evaluarse principalmente por el número de procedimientos realizados, el valor de los planes de tratamiento o la facturación generada. Estos indicadores poseen utilidad administrativa, pero no son suficientes para medir la calidad clínica y pueden generar conflictos cuando se utilizan como criterios predominantes de desempeño profesional.

Una organización puede procurar mejorar su eficiencia, reducir desperdicios, ampliar el acceso y ofrecer atención de calidad. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre atender mejor y simplemente realizar más procedimientos. Cuando el aumento de la producción se transforma en un objetivo independiente de las necesidades clínicas, el profesional puede verse sometido a presiones incompatibles con su autonomía y responsabilidad terapéutica.

Esta preocupación no se limita a las grandes cadenas odontológicas. Las clínicas individuales también pueden presentar conflictos entre intereses financieros y decisiones clínicas, así como las organizaciones de gran tamaño pueden desarrollar sistemas rigurosos de calidad y control asistencial. El tamaño de la empresa no determina su conducta ética. El aspecto decisivo está en la relación entre gestión e indicación terapéutica. La gestión debe garantizar las condiciones necesarias para que el tratamiento se realice correctamente; no debe determinar qué tratamientos serán indicados.

11.7 — La frontera ética entre la necesidad clínica y el interés financiero

Existe una frontera fundamental en la relación entre Odontología y actividad económica: la indicación de un procedimiento debe surgir de la necesidad clínica del paciente, y no del interés financiero de quien lo ofrece. Cuando se recomienda una intervención innecesaria exclusivamente para aumentar la facturación, ocurre una inversión incompatible con la responsabilidad profesional. El problema no está en la remuneración del tratamiento, sino en la posibilidad de que el beneficio económico determine una indicación sin justificación clínica.

Esta cuestión adquiere especial importancia porque existe una diferencia de conocimientos entre el odontólogo y el paciente. El profesional posee formación para reconocer enfermedades, interpretar exámenes, evaluar pronósticos y comparar alternativas terapéuticas. El paciente depende de estas informaciones para comprender su condición y participar en las decisiones. La confianza depositada en el odontólogo exige que el conocimiento se utilice para esclarecer necesidades reales, y no para crear demandas artificiales.

La Odontología exige inversión, dedicación, conocimiento y responsabilidad, elementos que deben remunerarse adecuadamente. Una clínica puede crecer, generar resultados financieros y mantener una elevada calidad asistencial. Del mismo modo, el paciente puede presentar expectativas, prioridades y posibilidades económicas que influyen legítimamente en la elección entre alternativas clínicamente aceptables. Sin embargo, estas condiciones no autorizan la presentación de procedimientos innecesarios como si fueran indispensables.

La sostenibilidad económica debe coexistir con la independencia del juicio clínico. El profesional debe presentar información correcta, explicar alternativas y permitir que el paciente participe en las decisiones de manera informada. El beneficio económico puede ser una consecuencia legítima de un tratamiento bien realizado, pero no puede constituir la justificación para crear una necesidad odontológica inexistente.

11.8 — Cuando las diferentes fuerzas se encuentran

La formación académica, la especialización, la industria y los modelos empresariales no actúan necesariamente de manera aislada. Un profesional puede concluir unos estudios de grado organizados por disciplinas, profundizar sus conocimientos en determinada especialidad e incorporarse a un mercado que ofrece continuamente nuevos equipos, materiales y técnicas. En algunos entornos, esta trayectoria también encuentra modelos de remuneración y evaluación orientados predominantemente por la cantidad de procedimientos realizados.

Cada uno de estos componentes posee funciones legítimas. Los estudios de grado necesitan organizar la enseñanza, la especialización debe profundizar las competencias, la industria necesita desarrollar y comercializar tecnologías, y las clínicas deben mantener sostenibilidad económica. Sin embargo, la combinación de estas actividades puede producir incentivos que favorezcan una atención excesiva a los procedimientos, especialmente cuando no existe una referencia clínica capaz de integrar las decisiones.

La divulgación de tecnologías también participa en este fenómeno. Los fabricantes poseen recursos para presentar productos, patrocinar eventos científicos y demostrar nuevas posibilidades terapéuticas. Estas actividades pueden contribuir a la actualización profesional, pero también hacen que determinadas intervenciones sean más visibles. Las medidas preventivas y las estrategias de seguimiento no siempre poseen estructuras comerciales equivalentes para su divulgación, aunque pueden presentar gran importancia para la preservación de la salud bucal.

No existe necesariamente una dirección central ni una intención común detrás de estas influencias. El fenómeno puede surgir de la combinación de intereses independientes que, juntos, terminan favoreciendo determinada manera de ejercer la profesión. Los estudios de grado pueden fragmentar el conocimiento; la especialización puede profundizar esa fragmentación; la industria puede valorar el procedimiento; y el modelo empresarial puede transformar el procedimiento en una meta. El desafío consiste en impedir que esta combinación sustituya las necesidades del paciente como referencia principal de las decisiones.

11.9 — Del conocimiento a la conciencia profesional

Independientemente de las influencias ejercidas por el sistema, permanece la responsabilidad del profesional que realiza el diagnóstico y establece las indicaciones terapéuticas. La formación, la tecnología y los modelos empresariales pueden influir en su actuación, pero no eliminan la necesidad de juicio clínico, autonomía y compromiso ético. Reconocer estas influencias representa una etapa importante para impedir que intereses externos sustituyan los criterios que deberían orientar el tratamiento.

Poseer conocimiento, sin embargo, no significa necesariamente transformarlo en conducta. Un profesional puede comprender la importancia de la prevención, reconocer las consecuencias de las pérdidas dentarias y conocer los beneficios de la planificación integrada, pero continuar trabajando de manera fragmentada. En determinadas circunstancias, las prácticas inadecuadas pueden permanecer simplemente porque se han vuelto habituales o porque corresponden a la organización de los servicios en los cuales el profesional trabaja.

Esta diferencia entre conocimiento y conciencia posee gran importancia para el T.O.I. Conocer un problema significa ser capaz de identificarlo y explicarlo. Tomar conciencia de sus consecuencias significa reconocer la necesidad de modificar decisiones y comportamientos. La transformación de la práctica clínica exige que el profesional cuestione conductas establecidas, evalúe críticamente sus resultados y reconozca cuándo factores externos pueden estar influyendo en su juicio.

Esta conciencia también debe considerar las limitaciones reales del ejercicio profesional. El odontólogo actúa dentro de condiciones económicas, institucionales y operativas que no siempre controla íntegramente. Sin embargo, reconocer estas limitaciones no significa aceptar indicaciones inadecuadas ni abandonar su responsabilidad con el paciente. El conocimiento permite reconocer el problema; la conciencia profesional exige actuar de acuerdo con aquello que se ha reconocido.

11.10 — El intento de reorganizar el sistema en el Instituto Mondelli

La necesidad de integración entre especialidades también comenzó a orientar una parte importante del trabajo desarrollado en el Instituto Mondelli. La propuesta consiste en organizar una estructura en la cual diferentes áreas puedan participar en una planificación común, relacionando las necesidades individuales de cada paciente con las posibilidades ofrecidas por los profesionales y cursos involucrados. El objetivo es evitar que la atención se transforme en una sucesión de procedimientos independientes, sin una referencia terapéutica compartida.

Esta organización presenta desafíos específicos. Una institución educativa necesita conciliar profesores, alumnos, agendas, documentación, supervisión, diferentes especialidades y tiempos terapéuticos. Cada curso posee objetivos educativos propios, mientras que el paciente presenta necesidades que no siempre corresponden a los límites de determinada disciplina. La integración exige, por lo tanto, más que la presencia de varios profesionales: depende de coordinación clínica, comunicación entre los equipos y continuidad de la planificación.

En la práctica, la Ortodoncia debe considerar las necesidades restauradoras y rehabilitadoras. La Prótesis y la Implantología deben conocer las posiciones dentarias y las condiciones periodontales. La Odontología Restauradora debe participar en las decisiones relacionadas con la función y la estética, mientras que las demás especialidades contribuyen según sus competencias. Esta organización procura establecer una relación entre las intervenciones, permitiendo que cada área comprenda su participación dentro de los objetivos definidos para el paciente.

La experiencia demuestra que enseñar integración exige procurar practicarla dentro de la propia institución. No basta presentar a los alumnos la importancia de la planificación global si la organización clínica permanece completamente fragmentada. Este proceso es complejo y exige perfeccionamiento continuo, pero su dificultad no disminuye su importancia. Por el contrario, evidencia que una Odontología orientada por objetivos comunes también depende de la manera en que las instituciones de enseñanza y asistencia organizan sus actividades.

11.11 — La jerarquía que debe orientar el sistema

El análisis de las influencias educativas, tecnológicas y económicas permite comprender que el problema no está en la existencia de la industria, las especialidades, las universidades o las empresas odontológicas. Todas estas estructuras poseen funciones importantes y pueden contribuir decisivamente a la calidad de la atención. El riesgo surge cuando sus objetivos particulares comienzan a ocupar una posición superior a las necesidades clínicas del paciente.

La industria debe continuar desarrollando materiales, implantes y equipos cada vez mejores. Las universidades necesitan profundizar el conocimiento científico. Las especialidades deben ampliar sus competencias. Los recursos digitales necesitan continuar evolucionando. Y las clínicas deben administrarse con eficiencia, responsabilidad y sostenibilidad. Sin embargo, estas actividades deben respetar una jerarquía en la cual la salud y las necesidades del paciente permanezcan como finalidad principal.

El conocimiento sirve al diagnóstico. La especialidad sirve a la planificación. La tecnología sirve al tratamiento. La gestión sirve a la sostenibilidad de la atención. Y todo ello sirve al paciente.

Esta jerarquía establece una referencia para evaluar el papel de cada componente del sistema. El conocimiento científico debe orientar la identificación de las necesidades; las especialidades deben contribuir a objetivos terapéuticos integrados; las tecnologías deben seleccionarse según su utilidad clínica; y los recursos administrativos deben garantizar condiciones adecuadas para la ejecución y continuidad de los tratamientos. Cuando esta relación se invierte, surge el riesgo de realizar procedimientos para justificar equipos, atender las necesidades de determinada especialidad o alcanzar metas financieras. El sistema debe servir al tratamiento odontológico, y no el tratamiento odontológico a los intereses del sistema.

11.12 — El verdadero avance de la Odontología

A lo largo de su historia, la Odontología ha desarrollado una extraordinaria capacidad para recuperar estructuras comprometidas y rehabilitar condiciones complejas. Los avances científicos, técnicos y tecnológicos han ampliado las posibilidades terapéuticas y transformado la calidad de vida de innumerables pacientes. Estas conquistas representan una parte fundamental del desarrollo de la profesión y deben continuar siendo valoradas. Sin embargo, la evolución de la Odontología no puede evaluarse exclusivamente por la sofisticación de los procedimientos que consigue ejecutar.

También es necesario considerar su capacidad para diagnosticar precozmente, controlar enfermedades, evitar pérdidas innecesarias y organizar intervenciones de manera coherente con la salud futura del paciente. El desarrollo tecnológico y la prevención no representan objetivos opuestos; ambos deben formar parte de una propuesta asistencial capaz de preservar las estructuras naturales siempre que sea posible y ofrecer tratamientos rehabilitadores adecuados cuando sean necesarios.

El análisis realizado en esta segunda parte del libro demuestra que los problemas odontológicos no poseen un único origen. Los procesos biológicos pueden producir alteraciones; las decisiones clínicas pueden modificar favorable o desfavorablemente estas trayectorias; y el sistema puede influir en la manera en que los profesionales son formados, cómo se ofrecen los tratamientos y cómo se valoran sus resultados. Estas tres dimensiones no explican aisladamente todas las condiciones encontradas, pero ofrecen una estructura para comprender factores que deben considerarse durante el diagnóstico y la planificación.

Fue a partir de esta comprensión que el Tratamiento Odontológico Ideal comenzó a adquirir un significado más amplio. No bastaba establecer Metas Terapéuticas o reconocer los procesos capaces de comprometer la salud bucal. Era necesario desarrollar fundamentos capaces de orientar la prevención, el diagnóstico, la planificación, la ejecución y el seguimiento a lo largo de la vida. La Parte II procuró demostrar por qué una Odontología organizada predominantemente alrededor de la realización de procedimientos puede presentar limitaciones, incluso cuando dispone de profesionales competentes y tecnologías avanzadas.

La Biología puede degradar. La Odontología puede desorganizar. El sistema puede incentivar.

Comprender estas tres dimensiones cierra el diagnóstico del problema y establece la base para la construcción de la solución.

El verdadero avance de la Odontología no consiste solamente en tratar mejor aquello que se ha perdido, sino también en desarrollar una manera de pensar capaz de evitar pérdidas innecesarias.

Dr. Adriano Lia Mondelli

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